Francisco Angulo

Por Francisco Angulo.-  El jueves pasado, me acerqué a la presentación de Albert Espinosa, la verdad con muy pocas ganas, pues el otoño siempre me deprime y oír hablar sobre el cáncer no me parecía lo más apropiado. Tengo que decir que salí de allí de lo más animado, Albert es un tío cojonudo.

Como siempre llegué más de media hora antes y al no tener nada que hacer, estuve dando una vuelta por la sala de exposiciones del centro cultural Tomás y Valiente. Vi un montón de trípticos culturales, panfletos y marcadores de página del ayuntamiento, eché mano a mi mochila y saqué un taco de marcadores de Compañía Nº 12. No me gusta este rollo, esto de darle a los amigos un marcador, me parece de lo más pretencioso: Te doy un marcador para ver si me compras un libro. Me recuerda a las invitaciones de boda: ¿Pero por qué les llaman invitaciones si el que paga es el invitado? Siempre he preferido regalar novelas, así no hay escusas para no leerme “Lo busqué pero no lo encontré, este mes ando muy mal de dinero, etc.”. Desgraciadamente en esta ocasión me ha resultado imposible continuar con la tradición, ya que la editorial Sharedpen es norteamericana y no han podido enviarme más que unos pocos ejemplares debido al elevado costo del transporte.

Colocando mis marcadores sobre el mostrador noto una punzada, es la mirada malhumorada de la señorita que está en recepción.

- ¿Puedo dejar unos marcadores de página?

- ¡Pues no señor, solo se admiten los del ayuntamiento de Fuenlabrada!

Esto me hizo recordar viejos tiempos, cuando en cierta ocasión me encontré con el alcalde don Manuel. Era en mis comienzos cuando llevaba mi mochila llena de novelas de La Reliquia. Me acerqué y le regalé un ejemplar.

- ¿Pero no me digas que eres escritor y de Fuenlabrada? Por favor fírmamelo, pues soy un voraz lector...

Me comentó que podía haberlo publicado con el ayuntamiento, que en cultura tienen esa misión. El hombre como buen político en campaña electoral, se mostró muy amable y cordial. A los pocos días me llamaron del ayuntamiento, me concertaron una cita y me reuní con él en su despacho. Hablamos un buen rato, yo le comenté el proyecto sobre mi libro Ecofa, parecía muy interesado.

- Este nos vas a dejar que te lo podamos publicar.

Solo tenía que presentarme en el departamento de cultura con un borrador y ellos se encargaría del resto. Preparé un CD con el libro en PDF, y le diseñé una portada muy chula que parecía la portada de una película en DVD. Dentro estaba todo bien organizado: El texto en PDF, las imágenes numeradas y un dossier muy detallado. Me dijeron que me llamarían, pero pasaron algunos días y después unas semanas y algunos meses, la campaña electoral había terminado y aunque todo seguía igual no recibía ninguna señal. Llamé por teléfono y la concejala de cultura ya nunca me podía atender, estaba siempre muy ocupada y no me podía escuchar. Me contaron que les habían robado el CD, que como la portada era tan bonita alguien hubo de pensar que se trataba de alguna novedad audiovisual. Les preparé uno nuevo y otra vez me pasé para que lo pudiesen publicar. Una vez más pasaron los días y los meses, hasta que me decidí a llamar:

- ¿Habrán perdido el borrador o de nuevo se lo habrán vuelto a robar?

Ahora ya varios meses pasadas las elecciones, nadie me conocía, nadie parecía saber nada, ni recordar nada, hasta que por fin hablé con el director de cultura:

- ¡Este año ya nos hemos gastado el presupuesto cultural! Inténtalo de nuevo el próximo año...

Que lo intentase de nuevo, como si participase en un sorteo... ¡Lo siento a mí lo del juego no me va!

Por aquel entonces fue mi editorial la que me lo quiso publicar, ya había realizado varias presentaciones y me invitaban a dar conferencias. La que mejor recuerdo fue la primera en un pueblecito de León, Soto de la Vega, Me pagaron el viaje y el Hotel, me invitaron a comer y a cenar, todo el pueblo se volcó conmigo, me trataban como si fuese una eminencia. Después hubo muchas más, no solo me invitaban, además me pagaban.

Como dice el dicho nadie es profeta en su tierra; pero gracias a dios, con salir a fuera y viajar un poco todos nos ganamos la admiración.

Francisco Angulo
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