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A nivel elemental podemos considerar que un bien activo es aquel que tiene capacidad de generar ingresos para su poseedor mientras que un bien pasivo es aquel que genera gastos o pérdidas para su poseedor. Esto se traduce como un decremento o incremento en nuestra base patrimonial, ya sea de forma coyuntural o permanente en el tiempo. Para que podamos comprender con mayor amplitud estos conceptos y la diferencia que existe entre ambos el comparador financiero y de créditos rápidos WannaCash.es va a ilustrarlos a partir de algunos ejemplos comunes en la vida de cualquier persona.  

Bienes activos: Las acciones de una empresa o corporación tienen la posibilidad de generar incrementos patrimoniales de forma directa a partir de la generación de dividendos o revalorizaciones en los precios unitarios de las acciones. Del mismo modo, los títulos académicos, por ejemplo, también pueden convertirse en un vehículo para obtener mayores ingresos a partir de una mejora salarial o la aparición de nuevas perspectivas profesionales. Por otra parte, las herramientas de trabajo que garantizan un incremento en la productividad de un negocio también repercuten de forma directa al propietario en forma de beneficios.


Bienes pasivos: Existe un bien pasivo muy conocido, de hecho es el ejemplo más habitual a la hora de hablar de bienes pasivos. La compra o adquisición de un vehículo es algo cotidiano y necesario para la gran mayoría de personas. Sin embargo, aunque se trata de un bien que posibilita el transporte y proporciona beneficios como una mejora en la calidad de vida, a nivel económico es una fuente continua de pérdidas. Los gastos que genera continuamente y su depreciación u obsolescencia a medida que pasa el tiempo se traduce en un cúmulo de gastos para el propietario.


Bienes variables: Sin embargo, no todos los bienes pueden ser fácilmente catalogados como activos o pasivos. Las viviendas, por ejemplo, han sido consideradas tradicionalmente como un bien activo. Sin embargo, a raíz de la crisis económica que vivió el país, y más concretamente el sector de la construcción, las cosas han cambiado mucho. Y es que, en el pasado siempre se creyó que "una vivienda se revalorizaba con el tiempo y era una inversión asegurada". Lo cierto es que esta afirmación ha resultado no ser así, al menos no del todo. Este bien inmueble puede ser tanto un bien pasivo como activo dependiendo de las circunstancias que rodeen a su venta. Si nos encontramos en un buen período dentro del mercado inmobiliario, sin duda será un activo.

cuenta corriente

Los españoles prefieren las cuentas corrientes a los depósitos. Parece lógico, teniendo en cuenta el tipo de interés medio que tienen los plazos fijos actualmente, un ridículo 0,05%. Pero no siempre ha sido así. Hace cinco años, los españoles tenían más dinero invertido en depósitos que en cuentas a la vista, cuando los tipos eran más generosos. Sin embargo, el pasado mes de agosto la situación era totalmente opuesta: los plazos fijos acumulaban 171 mil millones de euros, mientras que las cuentas atesoraban 616 mil millones, de acuerdo con el Banco de España.

Al fin y al cabo, ¿por qué hacer el esfuerzo de abrir un plazo fijo ahora si apenas da nada? Pues hay una razón: mitigar los efectos de la inflación, afirman desde el comparador HelpMyCash.com. Aunque los depósitos tengan actualmente un interés reducido, el de las cuentas es aún menor; de hecho, la mayoría de las cuentas corrientes no da ninguna rentabilidad. El problema de mantener el dinero en una cuenta al 0% es que se pierde poder adquisitivo, ya que mientras la inflación sube, el dinero no crece.

Tu dinero vale un 2,2% menos que hace un año

Entre agosto de 2017 y agosto de 2018 la tasa de variación del IPC ha sido del 2,2%, según el INE. Eso significa que si pusiste mil euros en tu cuenta hace un año, ahora ese mismo dinero vale 978 euros (tu poder adquisitivo se ha reducido en 22 euros). No es que al cabo de un año en tu cuenta haya menos dinero, sino que al no haber aumentado al mismo ritmo que la inflación (2,2%), el valor de esos mil euros es hoy menor que antes. Lo que significa que con la misma cantidad puedes comprar menos cosas.

Quizá no te hayas percatado, pero basta con echar la vista atrás unos años para ver el efecto demoledor que tiene la inflación sobre tu bolsillo: este año un billete sencillo de transporte para moverse por Barcelona cuesta 2,20 euros, mientras que hace diez años costaba 1,30 euros. Es decir, ahora necesitas casi un euro más para comprar lo mismo. Volviendo al ejemplo anterior, para no empobrecerte y que tus mil euros sigan valiendo hoy lo mismo deberías haber obtenido una rentabilidad del 2,2% y tener 1.022 euros en tu cuenta.

¿Cuánto se puede conseguir con un depósito?

Encontrar un depósito que compita con la inflación es complicado. Los mejores plazos fijos del mercado se mantienen por debajo del 2%. Pero, a pesar de no batir la inflación, estos productos permiten mitigar su efecto sobre nuestro dinero. No hacen magia, pero nos hacen menos pobres.

Volviendo al ejemplo anterior, si esos mil euros los hubiésemos mantenido en un plazo fijo al 1% durante doce meses (de agosto del pasado año a agosto de este año), hubiésemos ganado diez euros brutos. A esos diez euros le hubiésemos tenido que restar el 19% que se lleva Hacienda. Resultado: 8,1 euros netos de ganancias. En este escenario, nuestra pérdida de poder adquisitivo sería de solo el 1,39%.

Actualmente los depósitos más rentables hay que buscarlos en la banca online nacional y en las entidades extranjeras. El Depósito a 18 meses de WiZink tiene un interés del 0,50%, está protegido por el FGD nacional y se puede contratar desde 5.000 euros. Si dentro de 18 meses la inflación ha sido del 0,50%, no habremos perdido ni ganado nada. Si ha sido inferior, habremos ganado poder adquisitivo y si ha sido superior, el depósito de WiZink nos habrá ayudado a perder menos poder adquisitivo que si hubiésemos tenido el dinero en una cuenta corriente sin rentabilidad.

Si buscamos más interés, tenemos otros ejemplos como Banca Farmafactoring que permite rentabilizar los ahorros hasta el 1,25% TAE (plazo de entre tres meses y cinco años) con su Depósito Facto. La plataforma de plazos fijos europeos Raisin es otra oportunidad para mitigar los efectos de la inflación: comercializa hasta 62 depósitos de varios bancos europeos con intereses que alcanzan el 2,01% TAE y con las mismas garantías que los depósitos españoles. A un plazo de un año se puede rascar hasta el 1,06%.

El cálculo de la inflación no solo nos sirve para saber cuánto dinero perdemos años tras año, sino también para saber cuánto ganamos realmente con una inversión. Si invertimos mil euros a un año al 5%, pero durante ese período la inflación es del 2%, en realidad habremos ganado la diferencia entre ambas cifras. Bueno, lo cierto es que habremos ganado un poco menos, porque tendremos que restar también lo que se lleva Hacienda. “Pero será mejor que haber tenido el dinero parado en una cuenta corriente con una rentabilidad de cero”, concluyen los expertos del comparador HelpMyCash.

¿Y si necesito mi dinero antes del vencimiento?

A favor de las cuentas corrientes juega el hecho de que permiten ingresar o retirar dinero en cualquier momento. Los depósitos, en cambio, solo dejan realizar una inversión inicial con el compromiso de mantener el mismo saldo hasta que venza el plazo. Este hecho, junto con los bajos intereses, puede provocar que muchos españoles no se sientan atraídos por estos productos. No obstante, lo cierto es que la mayoría de los depósitos permiten realizar cancelaciones parciales o totales antes de tiempo y algunos de ellos sin ninguna penalización. Otros también permiten sacar el dinero, pero con una penalización, que suele ser un reducción de la rentabilidad (puede llegar a rebajarse hasta el 0%). Pero, incluso, en el peor de los casos (rentabilidad del 0%), el resultado de la inversión no sería peor que haber mantenido el dinero en una cuenta corriente.

ahorrar inflacion

Los sistemas de ahorro no funcionan en los tiempos de inflación precisamente porque independientemente de la cantidad de dinero que tengamos ahorrado, este perderá su valor. A continuación, el comparador financiero y de minicréditos online WannaCash.es comparte con nosotros cuatro métodos infalibles para proteger el valor de tus ahorros en tiempos de inflación:

Invierte en bienes cuyo valor no fluctúe

Hacer inversiones en bienes de valor estable es una de las opciones más interesantes para afrontar los periodos de inflación. Algunos ejemplos son los oros, los metales o la joyería. Debes tener en cuenta que el valor de estos bienes no depende de la situación económica que tenga un país, sino de la situación económica global, por lo que no fluctúan. El único pero que puedes encontrar a esta alternativa es su inmediatez. Para recuperar tu inversión lo más probable es que necesites algo de tiempo para localizar un buen comprador. Lo más recomendable es solo guardar una parte de tus ahorros por esta vía. Las garantías que ofrece a la hora de conservar tus ahorros son totales pero no es una vía adecuada si pretendemos recuperar la inversión con cierta urgencia.

Conserva tus ahorros en moneda extranjera

Si la moneda de tu país de residencia pierde su valor con facilidad, una buena alternativa es conservar el valor de tus ahorros en moneda extranjera. Por ejemplo, puedes comprar dólares hacer la conversión a la moneda de tu país sólo en aquellos casos en los que necesites hacer uso de tus ahorros. Sin embargo, si tu país se encuentra en una época de gran inflación puede resultarte más complicado encontrar una buena tasa de conversión.

Invierte en bienes inmuebles

Una de las opciones más rentables a las que puedes acceder es invertir tus ahorros en bienes inmuebles como una vivienda o un terreno. Lo bueno que tienen este tipo de inversiones es que el precio de tus bienes inmuebles aumentará al mismo tiempo que lo hace el resto de precios en períodos de inflación. Sin embargo, la gran mayoría de personas no pueden hacer inversiones tan elevadas, es por eso que suele recurrirse a la inversión en bienes muebles. Un ejemplo de este tipo de bienes son los aparatos tecnológicos o los vehículos. Sin embargo el problema que presentan este tipo de bienes es que pierden valor de forma rápida. Sin embargo en circunstancias muy concretas donde por ejemplo se produce una inflación muy alta, es una buena fuente de ingresos a corto plazo que te permitirá obtener ganancias.

Invierte en tu perfil profesional

Una de las mejores inversiones que puedes hacer es la de mejorar tu perfil profesional. Invertir en tu desarrollo puede propocionarte no solo mayores índices de productividad en tus trabajos diarios, sino además tener mayor accesibilidad a puestos de trabajo mejor remunerados.

tarjetas credito

Hace medio siglo, dos ingenieros alemanes (Helmut Groettrup y Juergen Detloff) patentaron la primera tarjeta con chip incorporado, una tecnología revolucionaria que posibilitó la aparición de las actuales tarjetas bancarias. Pero ¿estos productos todavía se usarán dentro de otras cinco décadas? De la mano del comparador financiero HelpMyCash.com, a continuación repasaremos cuáles son las perspectivas de futuro de los métodos de pago alternativos al efectivo.     

¿El móvil sustituirá a las tarjetas?

Dada su popularidad, es improbable que las tarjetas físicas desaparezcan de un día para otro. Sin embargo, puede que su uso si se reduzca en favor de las aplicaciones que permiten pagar en comercios a través del teléfono móvil. Así lo creen en el 45% de los comercios encuestados para el estudio El futuro de la aceptación de pagos de Universal Pay, que consideran que, en 2020, estas apps ya habrán superado en popularidad a las tarjetas y al efectivo.

No es extraño, en consecuencia, que tanto las entidades financieras como las grandes compañías tecnológicas hayan lanzado sus propias aplicaciones para abonar compras con el smartphone: BBVA Wallet, Sabadell Wallet, Apple Pay, Samsung Pay, Google Pay… Su funcionamiento es muy parecido al de una tarjeta contactless, pues solo hay que sincronizar la app con una tarjeta virtual y acercar el móvil al datáfono para que este reconozca su señal NFC y se realice la transacción.

Sin embargo, se trata más de una inversión de futuro que de presente, puesto que la mayoría de los jóvenes españoles (a quién va dirigida esta tecnología) aún prefiere pagar con una tarjeta física. De hecho, según un estudio publicado por Mastercard en 2017, las aplicaciones para pagar por el móvil convencen a menos de un tercio de la población de nuestro país, aunque se prevé que este porcentaje irá aumentando progresivamente con el paso de los años.

No solo las tarjetas tendrán chips

Lo que sí se puede decir con seguridad es que las tarjetas no serán los únicos objetos con chip que podremos utilizar dentro de 50 años para pagar nuestras compras. Y es que ciertas entidades han empezado a comercializar los llamados wearables, que son objetos que el cliente puede llevar encima y usar como si fueran una tarjeta bancaria: un reloj, una pulsera, un anillo o incluso un traje.

Su funcionamiento es similar al de las tarjetas prepago, pues para utilizarlos normalmente hay que transferir la cantidad de dinero que se desee gastar de la tarjeta al wearable. Una vez cumplido este requisito, ya se pueden realizar pagos en cualquier comercio acercando el objeto al datáfono como si se tratara de una tarjeta contactless.

Desde el comparador HelpMyCash.com ven poco probable que los wearables desbanquen a las tarjetas físicas, pero sí podrían convertirse en un buen complemento (nunca mejor dicho) a corto o medio plazo. De hecho, cada vez hay más deportistas profesionales y aficionados que los usan para medir su rendimiento (generalmente a través de relojes inteligentes), así que no es descabellado pensar que, en un futuro próximo, podrían emplearlos también para pagar sus compras.

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Si guardásemos todos los recibos que pagamos cada año, probablemente podríamos empapelar nuestra vivienda entera. Suelos y techos incluidos. El pasado año, el gasto medio de los hogares españoles en vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles fue de 8.774 euros. A lo que habría que sumar los recibos del móvil o la suscripción a la televisión por cable o a servicios premium cada vez más habituales.

Tradicionalmente, los recibos se han abonado mediante domiciliación bancaria, pero seguro que te has dado cuenta de que cada vez son más las compañías que permiten domiciliar el cargo de su recibo en la tarjeta de crédito. Parece cómodo, ¿verdad? Pues si en algún momento necesitas devolver el recibo, no te lo parecerá tanto

No se puede anular un cargo en la tarjeta

La ley prevé que los recibos domiciliados en una cuenta corriente puedan devolverse, tanto los que estén previamente autorizados como aquellos que no. En el primer caso, el cliente tiene un plazo de hasta ocho semanas para librarse de la factura y en el segundo, de hasta trece. Hasta aquí todo bien, pero ¿qué ocurre con los recibos que se cobran periódicamente en una tarjeta? Esta práctica, que cada vez es más habitual y muchos clientes valoran como una ventaja, implica cierto riesgo. Y es que los cargos de una tarjeta, por normal general, no se pueden retroceder, aunque no se esté de acuerdo con ellos. Así lo confirma el servicio de atención al cliente de varios bancos, con quienes se ha puesto en contacto el comparador de productos financieros HelpMyCash.com.

ING respondía así a un usuario el pasado año a través de su servicio de atención al cliente virtual: “No es posible devolver un pago realizado con la tarjeta directamente desde la entidad, dado que somos un intermediario entre el cliente y el comercio”. ImaginBank, por su parte, señala a través del SAC que “las compras con tarjeta no se pueden cancelar o devolver, ya que son cargos automáticos” y añade que “si la operación no es correcta o no se está de acuerdo con el importe” y se quiere anular, se debe contactar con el comercio o establecimiento para que realice la devolución.

El SAC de BBVA señala que se podría abrir un proceso de reclamación, que el banco estudiaría para ver si procede el retroceso. CaixaBank, por su parte, explica que se pueden reclamar operaciones que se hayan cargado en la tarjeta si, por ejemplo, se han aplicado más de una vez, son fraudulentas, no se han realizado realmente o la mercancía o el servicio cobrado no se ha recibido. Pero no por el simple hecho de no estar de acuerdo con el importe abonado.

Otra solución, añaden desde el comparador HelpMyCash, sería, directamente, bloquear la tarjeta y sustituirla por una nueva para que la compañía no pudiese seguir cargando el pago periódico.