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3ª Reunión anual de SEMEG

Una reevaluación de los casos por un geriatra evitaría más del 50% de las hospitalizaciones de ancianos con mala situación funcional.
Una mala atención a los enfermos redunda en más tiempo de consulta, más visitas al hospital y en consecuencia, el colapso de las urgencias.

Oviedo, 18 de abril de 2008.- En torno al 20% de los pacientes que pasan por urgencias son mayores de 75 años. A pesar de este dato, paradójicamente pocos hospitales españoles cuentan con un geriatra que colabore en la atención a los mayores en este nivel asistencial, una circunstancia que provoca ingresos inadecuados, un manejo demasiado agresivo de determinado tipo de pacientes, que no se diagnostiquen los síndromes geriátricos y que se infrautilicen otras vías asistenciales de gran utilidad para algunos ancianos. Todo ello redunda en una peor calidad asistencial, más visitas al hospital y contribuye al colapso de las urgencias.

La calidad de la atención a los ancianos en el servicio de urgencias es uno de los  temas que se está analizando en el 3ª Reunión Nacional de la SEMEG que se está celebrando en Oviedo. Según los datos que maneja la doctora Cristina Alonso, del Servicio de Geriatría del  Hospital Universitario de Getafe en Madrid, basados en un proyecto que están desarrollando en el hospital para valorar la eficacia del geriatra en el ingreso de ancianos mayores de 75 años con mala situación funcional, se podrían evitar más del 50% de los ingresos hospitalarios en este tipo de pacientes.

Además, el estudio ha constatado la infrautilización de otros niveles asistenciales, también efectivos para la atención a estos mayores, y que permitiría además disminuir considerablemente los ingresos. “Si un paciente no está bien controlado clínicamente podemos hacer uso de la atención a domicilio por geriatras o de hospitales de menor grado de cuidados donde puede ingresar temporalmente el paciente”, explica la doctora Marta Castro, también del Servicio de Geriatría del Hospital de Getafe. “Por regla general el resto de especialistas no conocen estas opciones o no saben hacer uso de ellas. Si no se deriva a estos pacientes a estos servicios alternativos el resultado es que van a estar continuamente yendo y viniendo al hospital”, añade.

Medio hostil

La doctora Castro explica además que un geriatra aborda la patología del mayor de una forma diferente porque no sólo mira su dolencia, sino que tiene en cuenta su fragilidad, -su potencial de desarrollar otras patologías o de disminuir su funcionalidad-“Se estima que el 30 por ciento de los mayores que salen del hospital tras un ingreso presentan algún grado de deterioro  funcional que no tenían cuando ingresaron”, cuenta.

Sobre este particular, la doctora Alonso explica que el servicio de urgencias de cualquier centro hospitalario siempre es un medio hostil para los ancianos. “Se piden pruebas de forma sistemática que no siempre están indicadas, están solos, no se les explica lo que se le está haciendo, se les retiran las gafas o los sonotones… Todo ello favorece el desarrollo del síndrome confusional que empeora el pronóstico funcional y la evolución de su patología”, relata.

Esta especialista reconoce que las condiciones ideales de un servicio de urgencias para mayores son fáciles de conseguir. De hecho, ambas expertas de la SEMEG no dudan en afirmar que ya se empieza a plantear la creación de áreas de Urgencias dedicadas a la Atención de Pacientes ancianos. La atención que reciben hoy por hoy los ancianos en urgencias es muy mejorable.