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...tres veces el riesgo de muerte tras un infarto
Una revisión de estudios publicada en Revista Española de Cardiología (REC) ha revelado que emociones negativas como la ira, la ansiedad, la depresión y el estrés son factores desencadenantes de enfermedad cardiovascular en personas que ya tienen otros factores de riesgo como la hipertensión, un perfil lipídico desfavorable, la obesidad de predominio abdominal, el sedentarismo, la diabetes mellitus o el haber padecido un infarto agudo al miocardio previamente

Por su parte, otro estudio en mujeres, de investigadores de la UNED, ha revelado que la ira reprimida o la que no se exterioriza de forma adecuada, tienen un impacto negativo en la salud cardiovascular en parte por su asociación a un peor control de los factores de riesgo cardiovascular frecuentes, como  la hipertensión arterial tanto sistólica como diastólica

El mecanismo por el que actúa la ira es el siguiente: unas hormonas llamadas catecolaminas producen un efecto nocivo directo sobre el sistema cardiovascular y provocan un aumento en la frecuencia cardiaca, la tensión arterial, así como estrechamiento de los vasos arteriales, incluidos los coronarios, y liberación de factores favorecedores de la formación de trombos, lo que resulta en isquemia miocárdica

El “Síndrome de Takotsubo” es una enfermedad particular que simula un infarto agudo al miocardio pero con coronarias normales, y se ha asociado a una activación masiva del sistema simpático con liberación de catecolaminas u hormonas del estrés, debido a circunstancias como puede ser la muerte de un ser querido

La Fundación Española del Corazón (FEC) recomienda tanto a la población general como a las personas que hayan sufrido un infarto que lleven una dieta saludable y que practiquen ejercicio de forma regular, ya que lo anterior, eleva la producción de endorfinas (hormonas de la felicidad), y ayuda a prevenir las emociones negativas. Además, los profesionales de la salud mental, como los psicólogos o psiquiatras, quienes pueden proporcionar a los pacientes distintos consejos para el autocontrol, atención plena o incluso medidas farmacológicas en casos puntuales

Madrid, 24 de abril de 2012.-  La Fundación Española del Corazón (FEC) informa de que estados de ánimos negativos, como la ira y la depresión, contribuyen a una peor salud cardiovascular. Un ejemplo es la revisión de estudios realizada por investigadores del Duke University Medical Center, de Durham, de Carolina del Norte y publicada en Revista Española de Cardiología (REC) que demostró que experimentar ira y hostilidad eleva un 19% el riesgo de tener una enfermedad coronaria y la depresión aumenta hasta 3 veces el riesgo de fallecer por una muerte cardiaca.

“Estos estados no están considerados propiamente como factores de riesgo cardiovascular, pero contribuyen  a desarrollar cardiopatía isquémica en personas de alto riesgo, como son aquellas que ya tienen hipertensión arterial, un perfil desfavorable de lípidos, diabetes mellitus, obesidad de predominio abdominal, vida sedentaria o antecedente de infarto agudo al miocardio”, precisa la Dra. Sandra Rosillo, miembro de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y cardióloga del Hospital de La Paz, de Madrid.

Así, según este trabajo, estas emociones negativas participan tanto en el desarrollo como en la progresión de la enfermedad cardiovascular, lo que aumenta el número de muertes de origen cardiovascular y de eventos cardiacos recurrentes. Por lo tanto, cuanta más ira y más depresión se sufre, mayor es el riesgo de padecer un episodio cardiaco y de morir por esta causa.

Hasta el momento, la ira es, junto a la depresión, la emoción cuyos efectos en la salud cardiovascular se han estudiado más ampliamente. Sin embargo, tanto este estado de ánimo como otras emociones negativas, se han analizado poco en mujeres. Otro reciente estudio, de investigadores de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), publicado en Psicothema, y hecho en más de 320 mujeres de entre 17 y 60 años, concluye que la ira mal controlada, por reprimirla en exceso (ira interiorizada o ira-in) o por no saber canalizarla ni expresarla adecuadamente (ira exteriorizada o ira-out), sino de forma descontrolada, tiene un impacto negativo en la salud cardiovascular de las féminas en momentos puntuales.

Además, en esta investigación, las mujeres con predominio de ira interiorizada presentaron cifras más elevadas de tensión arterial tanto sistólica como diastólica, con un 23,8% y un 31%, respectivamente. Mientras que aquellas con externalización de la ira presentaron hipertensión arterial con menor frecuencia. Siendo éstas cifras relevantes, debido a la frecuencia de asociación de la hipertensión arterial y el desarrollo de enfermedad cardiovascular.

Los mecanismos por los que las emociones negativas empeoran la salud cardiovascular no se conocen bien. En el caso de la ira sí se sabe que esta “tiene un efecto agudo que induce la activación del sistema simpático con liberación de hormonas conocidas como catecolaminas (hormonas de estrés). Estas hormonas tienen una repercusión clara sobre el sistema cardiovascular, ya que producen  un aumento en la frecuencia cardiaca, de la tensión arterial, así como vasoconstricción o estrechamiento de los vasos arteriales incluidos los coronarios y liberación de factores favorecedores de formación de trombos, resultando lo anterior en isquemia miocárdica ”, explica la Dra. Rosillo. 

En este contexto de daño cardíaco por excesiva activación del sistema simpático, secundaria a situaciones estresantes como la muerte de un familiar querido, se ha descrito una entidad particular conocida como Cardiopatía por Estrés o Síndrome de Takotsubo, que se describe como un infarto sin lesiones en las arterias coronarias, que suele ser reversible, aunque inicialmente indistinguible de un infarto agudo al miocardio. 

“Como consecuencia de las emociones negativas, los pacientes pueden presentar  palpitaciones, dolor u opresión en el pecho, dificultad para respirar, incluso en casos extremos pérdida de conocimiento. Ante esta sintomatología es recomendable, sobre todo si es prolongada o persistente, acudir al médico”, informa la Dra. Rosillo.

Para manejar las emociones negativas y evitar sus efectos nocivos en la salud cardiovascular, la FEC recomienda  introducir cambios en el estilo de vida, para hacerla más saludable. “La recomendación tradicional de llevar una dieta saludable, así como la práctica de ejercicio regular se asocian a un mayor bienestar mental y físico al liberar hormonas distintas a las catecolaminas conocidas como endorfinas. Técnicas más específicas como aquellas de autocontrol emocional (control de la respiración, técnicas de relajación),  las de atención plena, o las medidas farmacológicas pueden requerir de apoyo por parte de un facultativo”, afirma la doctora.

De hecho, en las Unidades de Rehabilitación Cardiaca, donde se asiste a las personas que han sufrido un infarto y que pueden sentirse tristes, deprimidas, con angustia y miedo a la muerte, se las educa para que retomen su vida con una rutina saludable que incluya dieta saludable, ejercicio adaptado a su circunstancia y pérdida de peso. “No tenemos una fórmula específica y mucho menos sencilla para la resolución de los problemas emocionales, pero al iniciar una rutina saludable los pacientes se perciben y sienten sienten  mejor, cambian su manera de pensar y mejora toda su salud psicoemocional”, puntualiza la Dra. Rosillo.

Acerca de la SEC y de la FEC

La Sociedad Española de Cardiología (SEC) y la Fundación Española del Corazón (FEC) constituyen una organización cuyo impulso vital es velar por la salud cardiovascular de la población a través de la excelencia clínica e investigadora, así como educativa y divulgativa. Ambas entidades se han convertido en el referente en castellano de la lucha contra la enfermedad cardiovascular, primera causa de muerte en nuestro país.

La SEC cuenta con más de 4.000 socios, entre cardiólogos y profesionales relacionados con las enfermedades cardiovasculares, españoles procedentes del ámbito europeo, latinoamericano e internacional.

La FEC cuenta con más de 4.000 miembros, entre los que se incluyen los cardiólogos de la SEC, profesionales de enfermería en cardiología, asociaciones de pacientes, entidades privadas y socios particulares.

Para más información: www.secardiologia.es