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Hoy 4 de febrero se celebra el Día Mundial contra el Cáncer, una enfermedad que afecta a más de un millón y medio de españoles y en la que se diagnostican 200.000 casos nuevos anualmente. Los últimos avances y tratamientos contra esta enfermedad, que cada vez es más común entre la población, ha logrado que el índice de superación sea bastante elevado.

Entre las personas que cada año son diagnosticadas de cáncer, se estima que 55.000 son menores de 35 años, según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), franja en la que el paciente se encuentra en plena edad reproductiva.

Sin embargo, los tratamientos oncológicos e inmunosupresores pueden afectar a la fertilidad del paciente, tanto en mujeres como en hombres. Esto se debe a que los tratamientos utilizados contra el cáncer tienen como objetivo destruir aquellas células cancerígenas que se reproducen en el organismo, pero también pueden afectar a otras células y dañar a las reproductoras o los propios gametos.

En el caso de los hombres, los tratamientos alteran el número y la morfología de los espermatozoides, así como su material genético. En las mujeres, además de la alteración en la reserva ovárica, el tratamiento puede afectar al equilibrio hormonal que regula la menstruación y el embarazo. Asimismo, hay que considerar posibles intervenciones quirúrgicas necesarias que pueden afectar zonas anatómicas relacionadas con la reproducción.

Por eso, es especialmente importante informar al paciente de cómo los tratamientos oncológicos pueden influir en la capacidad de concebir un hijo para que conozca cuál es la mejor manera para preservar su fertilidad de cara a un futuro embarazo. Hoy en día es posible gracias a las técnicas de preservación y a la reproducción asistida.
En el caso de la mujer, la vitrificación de ovocitos permite conservar sus óvulos para que puedan ser fecundados en un futuro, con garantías de éxito. Consta de una primera fase de estimulación ovárica, después de la que se extraen mediante punción los ovocitos que han madurado que, por último, son crioconservados (solidificación celular a bajas temperaturas y muy rápida) a la espera de que sean requeridos.

Para los hombres, las técnicas de preservación se realizan mediante la criopreservación o congelación del semen para usarlo posteriormente, tras el tratamiento oncológico. La muestra puede permanecer congelada el tiempo que sea necesario, siendo siempre apta para su fecundación.